ABSTRACT
En el
mundo cada vez es más fuerte la conciencia sobre las consecuencias de la
actividad humana en el medio ambiente y la necesidad de buscar soluciones que
lleven a armonizar el desarrollo de las sociedades modernas con el ambiente
natural. La economía actual está basada en un pensamiento lineal donde la
industria produce eficientemente, los clientes consumen rápido y el estado
dispone adecuadamente. Esto tiene como consecuencia un gran volumen de
materiales y energía consumidos a gran velocidad. Entre otras herramientas para
mejorar la sostenibilidad de la economía, surgió la de apuntar hacia modelos de
economía de la funcionalidad, con la intención de reducir la magnitud y
velocidad de los consumos de materiales y energía.
INTRODUCCIÓN
El
sistema económico actual está basado en un pensamiento industrial lineal. Es
decir, se consumen recursos en un proceso de producción para producir bienes,
que son vendidos a clientes quienes los utilizan y luego los tiran al finalizar
su fase de uso. Las responsabilidades de los productores sobre los bienes van
un poco más allá de la entrega del bien al cliente a través de la garantía,
quedando la disposición final del bien a cargo del consumidor. Esto hace que la
persecución de la mejora en la calidad y la reducción de desperdicios por parte
del fabricante se limiten hasta este punto, desligándose por completo del
desperdicio que es en sí, el bien, al final de su ciclo de vida.
Por otra
parte, el objetivo de todo fabricante está en la maximización de la
rentabilidad en el tiempo. Bajo esta línea de pensamiento económico es muy
fuerte el incentivo a aumentar las cantidades vendidas y así lograr economías
de escala que mejoren la rentabilidad. Por lo tanto un objetivo de las empresas
es incrementar la cantidad de bienes fabricados y vendidos para crecer y
mejorar sus utilidades.
Esto es a
tal punto así, que el éxito y bienestar de un país se mide en la cantidad y
valor de bienes y servicios que se producen en él con indicadores como el PBI.
Sin embargo este tipo de indicadores son adecuados para medir el nivel de
actividad pero no son tan precisos como medida del bienestar. Por ejemplo,
dentro del indicador se ve como positivo la prestación de un servicio de
saneamiento, sin embargo, desde otro punto de vista, se lo podría ver como algo
negativo o indeseable asimilable a un desperdicio de recursos y la generación
de costos evitables.
Por lo
tanto, existe una tendencia a pensar que “más es mejor”, donde existe una
cadena lineal de producción-consumo-disposición con responsabilidades
limitadas, “la industria produce eficientemente, los clientes consumen rápido y
el estado dispone adecuadamente” (Stahel, 1986). Esto tiene como consecuencia
un gran volumen de materiales y energía consumidos a gran velocidad.
Como
respuesta a esta visión de la producción y la economía surgió la necesidad de
encontrar formas de reducir el volumen y velocidad con que se consumen los
recursos. Entre otros conceptos útiles para dar solución al problema se
encuentra el de la economía de la funcionalidad.
ECONOMÍA
DE LA FUNCIONALIDAD. ¿QUÉ ES?
La
economía de la funcionalidad es una estrategia de negocio que busca
desmaterializar la economía. Esto lo logra al cambiar el foco de interés del
fabricante de bienes. Lo que busca es sustituir la venta de un bien por la
venta de su utilidad o uso. Es decir, que lo que vende la empresa no es un bien
sino el uso que de este se hace. De esta manera la empresa es poseedora del
bien a lo largo del ciclo de vida y por lo tanto responsable en todas sus
fases. Este modelo se supone que cambiaría la lógica de que el que más gana es
el que más produce sin afectar la utilidad y calidad que recibe el consumidor
del bien en cuestión. Además debería incentivar a los fabricantes a desarrollar
bienes más duraderos, modulares y eficientes, pasando así de una industria de
bienes perecederos a una de bienes duraderos, y del alto consumo de materias
primas y energía, a una de menor consumo.
La
economía de la funcionalidad se basa en el valor de uso de los bienes
únicamente lo cual puede ser una limitante del modelo ya que no tiene en cuenta
el valor simbólico que tienen los bienes para los consumidores. Además, si bien
contribuye al concepto de economía sostenible, no necesariamente implica que
las empresas van a actuar completamente en este sentido. “Es un modelo
económico que, bajo ciertas condiciones, puede conducir el comportamiento de
los actores económicos en una dirección más favorable a la preservación del
medio ambiente (Buclet, 2014)”.
En el mundo anglosajón, este modelo se denomina "functional
economy" (Stahel), "product service combinations"
(Manzini), "product-to-service" (McDonough), "servicizing"
(the Tellus Institute), or "product service systems" (PSSs)
(Dutch Ministry of the Enviroment).
“La
clasificación más utilizada para referirse al PSS (Product Service Systems), un
concepto anglosajón que incluye el de la economía de la funcionalidad, pero sin
limitarse a los casos que quieren favorecer un menor impacto, es la siguiente
(Hockerts, 1999):
Orientado
al producto: ofrece un servicio adicional al producto vendido (líneas de
crédito, servicio postventa, etc.).
Orientado
al uso: la oferta se refiere al uso del producto. Los productos no se venden
(alquiler, leasing).
Orientado
al resultado: el productor asegura la satisfacción de las necesidades del
cliente, dejándose la elección de los medios para lograrlo (gestión de residuos
municipales)”.
“Esta
tipología ilustra el hecho de que la economía funcional corresponde a
diferentes niveles de enlaces entre los medios físicos producidos y utilizados
y los servicios vendidos. Si bien en algunos casos la actividad de la empresa
todavía se dirige principalmente a la venta de productos, en los casos más
avanzados es posible que los clientes no sepan cómo se organiza la empresa para
satisfacer sus necesidades”. (Buclet, 2014)
EJEMPLOS
DE ECONOMÍA DE LA FUNCIONALIDAD
En
Francia la empresa Michelin, una de las más importantes en el mercado de
neumáticos, introdujo hace unos años una oferta para transportistas de
carretera, en la que les ofrece, como alternativa a la compra de neumáticos,
comprar la función que los neumáticos cumplen y pagar por el kilómetro
recorrido. Los clientes ya no son propietarios de los neumáticos, pero pagan
una cantidad por kilómetro recorrido por contrato. En este caso no hay un
rediseño del producto para aumentar su vida útil, aunque el incentivo podría
estar. (Buclet,2014)
El caso
Vélib es otro caso de economía de la funcionalidad. Vélib es un sistema de
bicicletas creado en 2007. Más de 20.000 bicicletas se distribuyen en 1.800
estaciones espaciadas a unos 300 metros de distancia en París y las comunas
vecinas. Las bicicletas están diseñadas para un uso esporádico, pero el diseño
tiene en cuenta los esfuerzos intensos que tienen para aumentar su robustez y
vida útil. (Buclet, 2014)
Al igual que en
el caso de Vélib, en Países Bajos y parte de Alemania, la empresa Greenwheels
ofrece un servicio de movilidad, pero en este caso, el medio de transporte es
el auto. Tiene autos distribuidos en distintas locaciones a lo largo del país
disponibles para alquilar. Estos autos, se alquilan por hora y kilómetro recorrido mediante una cuenta en la aplicación de la compañía. De esta manera
el cliente solo paga por el servicio de movilidad en forma mensual quedando
todos lo relacionado al producto físico (que es el auto) a cargo de la empresa.
La llave se encuentra dentro del auto y se destraba con un código proporcionado
por la aplicación, se utiliza, y luego se deja en la locación oficial al igual
que sucede con las bicicletas.
Otro caso se
basa en las características de algunos medios físicos con múltiples funciones
(multifuncionales). El ejemplo relevante para ilustrar este tipo es el de las
fotocopiadoras. Originalmente solo se vendían pero de acuerdo con el modelo de
la funcionalidad, inicialmente desarrollado por Xerox, los clientes pagan
estrictamente según el número de copias realizadas, en lugar de comprar o
incluso alquilar la máquina. El modelo evolucionó con el desarrollo de nuevas
tecnologías. Se han desarrollado nuevas funciones y, además de las fotocopias,
los fabricantes de estas máquinas ofrecen la impresión de documentos
electrónicos, pero también la posibilidad de escanear documentos y luego
enviarlos directamente al correo electrónico de su elección. Este es un
desarrollo interesante para las empresas que de hecho ofrecen un número
creciente de funciones a sus clientes desde un único medio físico en constante
evolución técnica. (Buclet, 2014)
REFERENCIAS
- L’économie de fonctionnalité entre éco-conception et territoire : une typologie.
- Nicolas Buclet. https://developpementdurable.revues.org/10134 The Functional Economy: Cultural and Organizational Change. Walter R. Stahel. http://www.product-life.org/es/node/153
- Itinerario hacia la Economía de la Funcionalidad y de la Cooperación, desde una perspectiva de desarrollo sostenible Nadia Benqué, Christian du Tertre, Patrice Vuidel.
- http://www.crepeefc.eu/upload/archivos/0c4f75b3bb9fbe5f7f5c3f5c6e422e324d1c6425.pdf
Nicolás Andriollo


